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Guaminí: Un caso de resistencia a los agrotóxicos

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(por la vaca.org) Un caso testigo. En Guaminí, provincia de Buenos Aires, nueve productores comenzaron a desarrollar sus campos con otro modelo productivo: el agroecológico. Por los buenos resultados, ya están cultivando alrededor de 1.300 hectáreas sin transgénicos, ni venenos, ni tóxicos de ningún tipo. Y están aumentando esa superficie. El municipio decidió fomentar la […]

a través de Chau transgénicos: cuando el campo cambia el modelo — Al Margen

LA “VIA CAMPESINA”: MOVIMIENTO, SOCIAL Y SUSTENTABLE

     En el marco del VI Congreso Continental CLOC VIA CAMPESINA (Coordinadora Latinoamericana de las Organizaciones del Campo y el Movimiento Campesino Internacional, respectivamente) que tuvo lugar en la provincia de Buenos Aires -CE.RE.NA, Campos de Ezeiza- desde el 10 al 17 de abril de 2015 -inclusive- coincidiendo su finalización con el Día Internacional de las Luchas Campesinas; las y los campesinos de las Américas y el Caribe han compartido el lema “Contra el capitalismo por la soberanía de nuestros pueblos” (http://www.cloc-viacampesina.net/es/congresos/vi-congreso).

     El encuentro reunió a gran variedad de actores comprometidos activamente por la Soberanía Alimentaria quienes apuestan por Reformas Agrarias Integrales y Populares como la única vía posible para la continuidad de la Madre Tierra y la satisfacción de la necesidad alimentaria de los Pueblos permitiendo así su desarrollo. (Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo, 2015). Las narrativas de las y los líderes campesinos de todo el continente se han manifestado de forma rotunda respecto a su posición como movimiento social y los criterios a tener en cuenta  sobre los modos de producción sustentable en los territorios y las dinámicas sociales subyacentes en los mismos: “En el 2012 nos constituimos como movimiento continental, anti-capitalista, anti-imperialista, anti-patriarcal y que lucha hacia el socialismo”(Deolinda Carrizo, 2013). Estas eran las palabras de la “Deo” (una de las elegidas para dirigir la Secretaría Operativa de la Coordinadora Latinoamericana de las Organizaciones del Campo -CLOC- y además actual integrante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero -MOCASE-), la misma formó parte del acto de apertura del Congreso reivindicando nuevamente: El legítimo derecho al ejercicio libre de los pueblos sobre sus territorios originarios y ancestrales y a la legítima y debida manisfestación de la resistencia de las y los campesinos, indígenas y afrodescendientes de las Américas y el Caribe como expresión y práctica de sus culturas permaneciendo de este modo fieles a los criterios de sustentabilidad biopsiosociocultural incorporados a través de los procesos ontogenéticos incrustados en las sabidurías ancestrales y/o populares.

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En términos de viabilidad ecológica, social y económica la “CLOC” (y VIA CAMPESINA) proponen un proyecto sostenido, sostenible y sustentable. En primer lugar, sostenido porque ya desde finales de los años noventa viene fortaleciéndose cada vez mas año tras año con una evolución positiva como institución coordinadora de las organizaciones del campo en cuanto a la cantidad de organizaciones participantes y también en torno a la calidad de sus propuestas y estrategias. En segundo lugar, es sostenible porque las condiciones económicas, sociales y políticas de las lógicas del sistema de producción capitalista no pueden obviar la existencia de una resistencia transnacional y transversal a los mecanismos de dominación constituyendo de este modo una relación dialéctica, implícita y necesaria en la coyuntura actual. Por último, es sustentable porque es un proyecto social, ecológico, económico y cosmológico que construye, produce y reproduce saberes culturales a partir de la experiencia compartida en la diversidad de las identidades que la componen y particularmente siendo las y los jóvenes los que “han tomado la posta y son nuestra referencia” (ibíd.), siendo de este modo el relevo generacional una estrategia decisiva encaminada a la construcción y resignificación de los saberes ancestrales por parte de las nuevas generaciones formulando así una propuesta apriorísticamente sustentable. Prueba de ello es el I Congresito de la CLOC VIA CAMPESINA que convocó a niñas y niños de distintos países del contienente celebrado en este mismo encuentro.

     El continuo “movimiento” de los actores sociales a través de los diversos escenarios fluctuantes -a nivel local, regional y transnacional- y sus múltiples interconexiones fruto de la llamada solidaridad de clase, es la característica de las dinámicas sociales  constitutivas -y constituyentes- de movimientos sociales como el citado; el mismo no conoce las fronteras de las que hablan los diferentes Estados-nación. En este sentido se podría decir que se trata de un movimiento “vivo” epistemológica y metodológicamente hablando, porque ya desde el año 1993 tiene lugar la aparición del mismo en el marco de los diversos procesos de globalización en el cual  “VIA CAMPESINA” a nivel internacional  (y posteriormente CLOC a nivel continental) comprende actualmente alrededor de 164 organizaciones locales y nacionales en 73 países de África, Asia, Europa y América: “En total representa alrededor de 200 millones de campesinos y campesinas. Este movimiento social es autónomo, pluralista y multicultural y sin ninguna afiliación política, económica o de otro tipo” (http://viacampesina.org/es).

     En síntesis, este breve extracto de la esencia de las propuestas de la Coordinadora Latinoamericana de las Organizaciones del Campo y el Movimiento Campesino Internacional puede servirnos de referencia para futuras reflexiones sobre la creación de nuevos proyectos participativos e inclusivos que pretendan formar parte parte del llamado paradigma de la sustentabilidad en términos biopsiosocioculturales; los reclamos de las y los campesinos, indígenas y/o afrodescendientes ya no constituyen una cuestión acotada en tiempo y lugar de un determinado “grupo” o “región geográfica” (en relación a la separación entre el mundo rural y el mundo urbano y/o países desarrollados y subdesarrollados); campesinas somos todas desde el momento en que estas gentes son las encargadas de alimentar a la mayoría de la población aquí y allí y sin la cual cada una de nosotras no podría subsistir. Es por ello necesario comprender la dimensión real de estas propuestas y la pluralidad cultural de los actores que las conforman como un aspecto dinámico de las mismas siendo un aspecto fundamental a tener en cuenta dentro de los conocimientos que nutren el mencionado paradigma y entendiendo estas propuestas de base como un “pulmón”, por decirlo de una manera gráfica, para el conocimiento académico y político internacional; porque sin multiculturalidad no hay sustentabilidad. El compromiso es con la Tierra entendida como continumm dialógico que nos comunica con la Totalidad inter-relacionada -y hoy globalizada- de la cual somos parte, por este motivo las y los campesinos, indígenas y afrodescendendientes de todo el continente propugnan:

¡Globalizando la esperanza, globalizando la lucha!

#luchascampesinas #viacampesina #movimientossociales #imperialismo

#peasantstruggle #socialmovements #imperialism

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SUSTENTABILIDAD Y CONTACTO CULTURAL. ¿REALIDAD O UTOPÍA?

La adecuada gestión de los recursos naturales para la satisfacción de las necesidades vitales es un tema recurrente de debate actual que ha estado presente en las diferentes culturas a lo largo de la Historia, incluso en las llamadas culturas no desarrolladas. Las formas de entender y comprender los fenómenos de la Naturaleza y su gestión de modo favorable para la supervivencia de un determinado grupo social forman parte de las cosmovisiones de los pueblos. En el llamado mundo civilizado el paradigma cartesiano y su división dicotómica entre ser y estar-en-el-mundo, ha guiado cada uno de nuestros pasos en una carrera sin limites por la explotación de los recursos naturales. En contraposición a esta forma de pensamiento, en algunos lugares de nuestro planeta aún se conservan rasgos culturales de otras formas de supervivencia, el hábitat y los actores sociales que en ellos intervienen, son una especie de legado biosociocultural los cuales podrían empezar a considerarse como verdaderos y vivientes indicadores ecológicos y sociales del estado del Planeta.

El contacto cultural (o el contacto entre pueblos de culturas diferentes), presenta diferentes características de acuerdo a las diversas formas que puede llegar a adoptar el mismo, el ejemplo que voy a presentar es un caso a caballo entre un proceso de aculturación cultural y un proceso de asimilación cultural. El primero de ellos se manifiesta en el cambio de la cultura material, prácticas tradicionales y creencias, y el segundo, representa la absorción total o parcial del grupo étnico por parte de la sociedad dominante: La sociedad de mercado. En el caso de las culturas amerindias o culturas indígenas en América Latina, han sido las que mayor impacto han sufrido respecto a la cultura colonizadora y las que mayores perdidas han sufrido en términos de sustentabilidad, puesto que un elemento primordial de su sistema en equilibrio había sido expropiado: la Tierra. Concretamente el pensamiento andino-amazónico-chaqueño concibe la “Buena Vida” a partir de la observación de la naturaleza y el comportamiento del Universo. El eje que articula las relaciones entre sus miembros es el principio de reciprocidad comunitaria, principio económico-ecológico (implica dar al que necesita sin esperar algo cambio), la economía ha sido de supervivencia y los excedentes producidos se han almacenado para la reproducción del grupo y no tal y como conocemos en la actualidad la noción de acumulación capitalista pos-imperialista neolibera. La vida esta arraigada en el “estar-en-la-Tierra/Universo” como presente dinámico de la vida e inseparable del Todo. El contacto cultural trajo a estas culturas lo que Marx denominó fetichismo de la mercancía respecto a las propiedades que adquiere una cosa en el sistema de producción capitalista, el mismo concibe la tierra como una mercancía con un valor de uso y un valor de cambio que puede ser acumulado (y objetivado), alterando de este modo la totalidad de las relaciones ecológicas, económicas, sociales y políticas.

El caso concreto del pueblo Sanapaná y Angaité en el Chaco paraguayo son dos paradigmas de la región que presentan hoy problemas graves de supervivencia debido a varios aspectos que influyen en la sustentabilidad de sus comunidades. Aspectos políticos, económicos y sociales vehiculan la problemática ecológica de estos pueblos mermados por la desnutrición y lpor consiguiente la alta mortalidad. La contra cara de la situación descrita está compuesta por la otra realidad, la de los latifundistas o fazendeiros, palabra ésta última de origen portugués que hace referencia al patrón o dueño de la fazenda o hacienda; es “el que hace” -en terminos de producción- en oposición al que no “no hace”. En Paraguay en general, y en el Chaco en particular, desde la llegada de los primero colonizadores y posteriormente durante la larga dictadura de Stroessner hubo gran transferencia de tierras originarias a favor de manos extranjeras muchos de ellos provenientes de Brasil y/o de Portugal. De ahí la vigencia del termino para designar al que posee la tierra enmarcado siempre en la lógica de la economía de mercado -costo/beneficio- a través de explotaciones agrícolas y ganaderas cuyas características principales se podrían resumir, muy brevemente, en: Elevado nivel de concentración territorial trabajado -o explotado- por mano de obra muy barata y/o régimen de semi-escalvitud (servidumbre) de población indígena y mestiza, principalmente. Por otra parte la presencia de diversas ordenes religiosas que a modo de lo que se conoce como misiones llevan a cabo sus tareas intensivas de asimilación cultural, social y económica, y aunque el propósito aparente y prioritario de muchas de ellas sea llevar la Palabra de Dios y brindar ayuda humanitaria, algunas de ellas olvidan (?!) o desconocen que estos grupos étnicos tienen identidad etno-ecológica propia, a saber:

Cazadores y recolectores, nómadas y ecologistas por antonomasia, continuos inmigrantes en busca de víveres para su supervivencia. Son supervivientes de un genocidio que perdura hasta nuestros días y sobreviven (o al menos lo intentan), con los escasos recursos que proporciona el medio en el que viven. Ecológicamente el Chaco paraguayo se puede definir como una sabana sub-tropical templada, con sectores de suelo salino y gran variedad de flora y fauna dispersa por toda la superficie, aunque altamente condicionada por las estaciones seca y lluviosa. Por ello antaño estos pueblos transitaban por el territorio durante los cambios estacionales en un libre y continuo movimiento migratorio donde el perímetro territorial era mucho más extenso (por no decir ilimitado), permitiendo la perfecta reposición de la cadena trófica para la supervivencia de todos los componentes ecosistémicos. Es importante destacar que los impactos etno-ecológicos recibidos antes de la Conquista de carácter inter-tribal no supusieron, en modo alguno, una amenaza en términos de seguridad ambiental como la representada por el nuevo modelo de producción. Estas gentes han sido obligadas a cambiar su estilo de vida, y a trabajar marginados y en reiteradas ocasiones aislados de sus familias en núcleos urbanos como mano de obra ocasional. Si alguno de los lectores visita alguna vez este maravilloso pulmón de Sudamérica con sólo observar por unos momentos su estación de autobuses en su capital Asunción podrá ver con sus propios ojos imagines tan aberrantes de humillación y olvido que quizás difícilmente sus vidas puedan continuar del mismo modo.

Actualmente persisten -y resisten- en las llamadas tierras originarias, o en lo que ha quedado de ellas, puesto que son muy pocos los grupos que pueden jactarse de ello, ya que el avance de la frontera agropecuaria y el apoyo del Estado paraguayo a ciertos grupos económicos y/o religiosos (el caso de la comunidad menonita requiere estudio aparte), los obliga al desplazamiento forzoso permanente provocando graves repercusiones en la totalidad de las dimensiones antropológicas de los pueblos indígenas. Como si de un acto de resistencia pacífica se tratara, pareciera que esperaran ser convocados para así algún un día contar su verdadera historia. Quizás aún no sea demasiado tarde para aprender a escuchar el silencio en un mundo donde el ruido de la globalización nos subsume en una diáspora individualizadora. Cabe preguntar si somos capaces, después de más de cinco siglos de contacto cultural, de establecer un diálogo respetuoso que permita sentar las bases para la protección y el fomento de la sustentabilidad de las formas de vida sub-alternas, generando espacios participativos y equitativos de relaciones interculturales.

Imagen propia: Chaco Boreal, 2014

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