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MIRANDO AL CHAMANISMO: UNA SANACIÓN 2.0

“El cuerpo es una realidad biopolítica; la medicina es una estrategia biopolítica” […] (M. Foucault, 1992:125)

Son variados los autores que contribuyen a la reflexión crítica en torno al modelo hegemónico biomédico, quizás uno de los textos considerados por muchxs de cabecera es Némesis Médica (I. Illich, 1976). Una crítica demoledora al impacto del sistema industrial en diferentes ámbitos de la sociedad occidental, siendo la medicina institucionalizada la hija pródiga de un sistema de producción que engendra dominación, y por tanto, una dependencia magnificada en cada uno de los aspectos de la vida en relación. El autor habla de “epidemia yatrogénica” (p. 5), iatrogénesis es una palabra que proviene del griego y refiere a un daño a la salud ocasionado por el médico de manera involuntaria. Consecuencias que, a la luz de la razón, parecieran ser justificadas reproduciendo la relación dominante-dominado en los modos de significar los cuerpos, la salud y la enfermedad. La vida y la muerte hace ya tiempo han dejado de pertenecer al dominio del propio sujeto y han pasado a las manos de la gestión anónima de capitales con importantes valores en alza. Los profesionales de la salud florecen a la par que los pacientes y las nuevas enfermedades, la idea de bienestar es asociada a una especie de escaparate, colorido, superficial y superfluo. Ante la presencia de cualquier síntoma que subvierta las reglas del juego establecidas, como la incómoda presencia de dolor en cualquiera de sus formas, el sujeto paciente (pasivo) es derivado rápidamente al quehacer de la industria farmacéutica:  Un castigo racionalmente consensuado.

“Acá todo lo pasan por la cabeza, la razón, la pineal manda, es una sociedad muy intelectual” […] (Lobo Blanco Wayna Pacha sanador/chamán). (Nota de campo, Octubre 2017).

En el templo

Desde la perspectiva de otras ontologías, me dispuse a reconocer en la enseñanza de Lobo Blanco (sanador/chamán procedente de Perú), una serie de significados y sentidos culturales que desde una mirada antropológica sea capaz de contemplar otras formas de entender el/los cuerpo (s) humanos permitiéndome de este modo establecer un diálogo conmigo misma, una auto-sanación, basada en la escucha introspectiva con la identidad/alteridad. “Lobito” como lo llaman sus más allegados visitó recientemente España, y en una charla de presentación en Madrid habló de diferentes aspectos de la cultura amerindia y como a modo de juego destacó, entre otras cuestiones, la necesidad de “aprender a respirar con el corazón” (Nota de campo). ¿Aprender a respirar con el corazón?, me repetía a misma a medida que se desarrollaba el encuentro. En el citado enunciado pude identificar un complejo sistema de relaciones entre la naturaleza y la cultura, distinción dicotómica innecesaria cuando el objetivo es comprender cosmologías de esas latitudes. Toda una deconstrucción anatómica, sí, tenía que ser capaz de comprender mi cuerpo en otro sentido, bueno quizás como feminista asumida no sería del todo difícil ya que el corazón al igual que el útero (y que según Lobo Blanco,  es el segundo corazón de las mujeres) puede (y debe) asumir nuevas significaciones; muchas de ustedes sabe a lo que me refiero (!). El corazón, entendido como puerta de entrada para la sanación, forma parte de toda una red de significados que componen el conocimiento ancestral de diferentes culturas precolombinas de América Latina y que en la actualidad en pleno siglo XXI emergen en el seno de las “sociedades desarrolladas” con un público cada vez más interesado en terapias alternativas en el intento de encontrar respuestas a problemas que la medicina contemporánea no es capaz de abordar. Me refiero a las enfermedades del alma y que pueden tener un correlato con el amplio abanico de enfermedades que están siendo medicalizadas sin una solución que permita al propio sujeto liberarse o al menos minimizar el sufrimiento crónico plasmado en diversas patologías. “El cuerpo habla, y hay que saber escucharlo” (Ibíd.). Durante el proceso de sanación mediante técnicas de conocimiento ancestral, al que llamo SANACIÓN 2.0 sólo importa el presente, el hoy, siendo la reprogramación consciente para la relación con uno mismo la estrategia y el camino hacia un verdadero bienestar. De este modo el proceso de sanación  constituye un proceso iniciático en el cual “el médico no tiene que decirte qué hacer, no” (!). Tú te tienes que decir a ti mismo” (Ibíd.). “Porque pueden pasar veinte o treinta años y sigues igual, sin despertar, con los mismos problemas” (Ibíd.). Diferentes rituales muchos de ellos a cargo de Onca Nina Warmi (compañera sanadora de Lobo Blanco), en diferentes instancias la figura y la energía femenina adquieren relevancia trascendental  componiendo lo que podría llamar recetario chamánico: Sonidos, aromas, plantas, símbología animal y elementos de la Tierra al servicio de la salud global. “Todo está conectado por ello es importante el encuentro, compartir con el otro desde otro lugar” […], y sigue “de repente estás hablando con la lluvia, con la montaña, con el abuelo viento, o estás en las alturas rodeado de apus (*) en Machupicchu” […] (Ibíd.). Quizás para el lector poco o nada acostumbrado a escuchar hablar en estos términos le pueda resultar un tanto extraño, irracional, o incluso un disparate. En el sendero de la sanación chamánica no se trata de respuestas inmediatas, ni de píldoras mágicas, porque no se trata la sintomatología. En una relación de espejo y de profunda reflexión “desde y con el corazón” bucea las raíces, “los linajes, los ancestros” (Ibíd.). En el marco de la disciplina antropológica no es una novedad reconocer otras formas de ver y estar en el mundo, en este sentido considero importante destacar que la idea de “cuerpo sano” desde tiempos de Descartes se convirtió en un “mecanismo de relojería” (Illich, 1979) en el cual el dolor debía ser eliminado para garantizar su correcto funcionamiento. Pareciera ser que la sociedad occidental europea pronto olvidó que mucho antes los griegos no podían dejar de asumir la felicidad sin aceptar el dolor como una experiencia inseparable del proceso de evolución vital (Ibíd.).

Enfrentarse a uno mismo, escuchar, sentir o incluso aprender a “respirar con el corazón” puede llegar a resultar un ejercicio impensable y en ocasiones profundamente doloroso, sin embargo, cabe destacar que no hay peor némesis  -o castigo- que el autoinflingido. La evidencia empírica permite reconocer otras formas de conocimiento transformando al paciente en sujeto activo de sanación, una  especie de auto-resignificación,  permitiendo encaminar hacia un sólido y merecido agenciamiento.

[Agradezco a Lobo Blanco y familia la oportunidad del encuentro]. (Enlace a su blog)

(*) Apus (del quechua apu). Montaña (Sust.) Rico, poderoso (Adj.). Dios montano; espíritu o divinidad superior (Mit.), etc. (Diccionario Quechua)