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LEGADO ACHÉ

Caminando por las calles de Asunción, en Paraguay, un domingo de primavera con bastante calor y sin prácticamente asuncenxs en la ciudad, tuvo lugar el inicio de un ritual: mi bautismo.

Las calles de la capital paraguaya parecían revivir los días en que no se podía circular por la vía pública libremente, parecía que el tiempo se había detenido. Entre reflexiones y pensamientos encontrados acerca de la naturaleza aparente de ausencia de vida social mi memoria se dedicaba a comparar domingo (s) y cultura (s). Era la primera vez que visitaba en profundidad aquellos lugares, y sin conocer en absoluto las calles por donde transitaba, había decidido salir a caminar sin mapa ni guía, excepto una única parada obligatoria para ir al baño en una gasolinera y de paso preguntar al dependiente dónde estaba “el centro”.

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Después de un largo recorrido viendo abundante vegetación, casas que quizás a simple vista y a los ojos de un posible turista europeo puedan parecer “abandonadas”, algún que otro coche circulando, la puerta del museo Andrés Barbero, y un sin fin de nuevas fotografías, destaco, los carteles y pintadas de la Universidad Nacional de Asunción denunciando corrupción y dictadura. Más adelante y durante algunos metros se apoderó de mí una sensación extraña quizás un estado liminal, atemporal, aestructural (?). Imposible categorizar mi experiencia de manera precisa, el pasado y el presente se estaban conjugando a la vez y de manera acelerada, mis significados alternos dejaban de servirme. A medida que avanzaba veía al final de una bocacalle ropa tendida, quizás chabolas integradas en el paisaje urbanístico (?), no podía ver bien, dos niños jugando en la calle lo confirmaron. Me miraron. Se trataba de un barrio “peligroso” me informaron más tarde. Extrañas y curiosas formas de peligrosidad pensé…

Más adelante una plaza vallada, comienzo a ver gente caminando, otrxs están sentadxs en el césped, la sensación seguía y me provocaba una inmensa curiosidad: estaban ocupando la plaza (?), vivían allí (?), qué tipo de encuentro era ese cuando toda una ciudad estaba ausente (?), quiénes eran (?). En esos instantes me di cuenta que tenía dos opciones: podía retroceder unos pasos y salir fuera y observar desde otra acera lo que estaba ocurriendo o situarme junto a lxs valladxs viendo y sintiendo como ellxs aquel paisaje de aislamiento. El tránsito hacia la temporalidad estaba teniendo lugar, mi elección lo confirmaba, y  sin dejar de avanzar me dirigí hacia esas familias, el humo de las brasas cocinando mandioca, algunas mujeres, niños y hombres observaban mi paso, al igual que la policía situada al otro lado; parecía que todo estaba transcurriendo en cámara lenta. Comprendí rápidamente que era una cuestión de Estado, eran ellxs, lxs primerxs y lxs últimos de una histórica y ancestral resistencia; allí conocí a Marciano un joven líder  del Pueblo Aché.

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En los días siguientes mi nuevo amigo ya había regresado a su lugar de residencia habitual, nos comunicábamos mediante WatsApp, esperando a que el tiempo mejore y así poder visitar su comunidad y sus gentes. Me había agradecido profundamente haber dedicado un poco de mi tiempo a escuchar sus reclamos aquel domingo en el que familias de diferentes pueblos se habían autoconvocado pidiendo otra vez más un poco de justicia: charlamos, hicimos fotos, grabamos entrevistas; nos reconocimos. Sin embargo, no pude responder a su invitación, las condiciones climáticas entre otras condiciones impidieron mi partida hacia el sur del país. La experiencia en los territorios y las nuevas tecnologías me estaban acercando mucho más de lo esperado a otras culturas,  otras cosmovisiones, a la contemporaneidad vivida a través de nuevas formas de comunicación:

Un día recibí un mensaje cuyo contenido terminó de transformar los aspectos materiales y simbólicos de los sitios de producción cultural, lo ritual y lo virtual, tan cerca y tan lejos (?), aspectos difusamente unidos mediante un lenguaje compartido cuya semántica transgrede lo lingüístico y se sitúa en otro orden de ideas. La comunicación no ha hecho otra cosa que expandirse proponiéndome una profunda reflexión acerca de los atributos y cualidades aún todavía por explorar entre las nuevas tecnologías, las cosmologías amerindias y las múltiples formas de comunicación transcultural; ancestralidad transespacial (?)

Hoy mi nuevo nombre es Atagi, espíritu de conejo, así me bautizo mi nuevo amigo en aquel mensaje y mi identidad transitó una vez más una nueva hibridación porque el legado aché ya es de algún modo parte de mí.

#territorios #ciberespacio #Sudamérica

Imágenes propias:  #Asunción #2015

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Del Día Internacional de la Intolerancia: Notas de campo en/del Paraguay

 Un paseo por la capital paraguaya y la interlocución con diferentes actores relatan la realidad de los Pueblos Indígenas de un país que, el día 16 de noviembre de 1995, adoptó junto al resto de países de la UNESCO, la Declaración de Principios sobre la Tolerancia. Pasen y vean.

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Caminando por las calles de Asunción tuve la oportunidad de conocer (una vez más) y en primera persona la problemática de los Pueblos Indígenas de acá. Transitando por el casco histórico de la ciudad, en la Plaza de la Independencia, varias familias se trasladaron desde diferentes regiones del país hacia la capital para solicitar al gobierno el cumplimiento de la Ley 904/81 del Estatuto de las Comunidades Indígenas. En aquel parque y en compañía de la abrupta naturaleza que caracteriza a Sudamérica, mujeres, niños y hombres de los Pueblos Aché, Ava Guaraní, y Mbya Guaraní estaban manifestando su repudio contra la violación de derechos por parte del gobierno de Cartes, ya que, una vez más, su gestión busca modificar el Estatuto de las Comunidades Indígenas sin consulta previa.

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Aquella tarde estuve conversando con diversos actores acerca de la problemática relacionada con sus territorios y la formas de supervivencia de las familias de los Pueblos. Las fotos de este artículo fueron tomadas en esos momentos. Después de un rato, me despedí con un hasta luego, estaba segura que nos volveríamos a encontrar en otros cuerpos y otras palabras. Regresé a casa, todavía me quedaba preparar la mochila, en pocas horas partiría al Departamento de Presidente Hayes (el Gran Chaco paraguayo) región en la cual vengo llevando a cabo trabajo de campo hace ya más de un año.

Estando ya en “el campo” tuve la oportunidad de entrevistar a uno de los líderes de la Comunidad La Herencia, más precisamente a Filomeno de la Aldea Jeruzalén, perteneciente al Pueblo Enxet. En este sentido, puedo decir, que etnografiar panoramas sociales emergentes me ha llevado a seguir “trayectorias inesperadas” (Marcus, 2001: 111). A más de trescientos cincuenta kilómetros de la capital, el relato de la intolerancia, violencia estructural y estructurante, se repetía. Comparto con ustedes la entrevista y espero con ello poder contribuir a una aproximación empírica del concepto de “intolerancia”:

Para hablar de la Declaración de Principios sobre la Tolerancia ya están los organismos internacionales en colaboración con los gobiernos. Yo, personalmente, prefiero escuchar otras realidades.

Por último, agradezco y dedico a todas y todas los y las que participaron directa o indirectamente en este artículo. Especialmente a Chevugui (Pueblo Aché) y a Filomeno (Pueblo Enxet). Gracias!

#Paraguay #PueblosIndígenas #UNESCO #Culturas

 

Fuentes:

-Marcus G. (2001). Etnografía en/del sistema mundo: El surgimiento de la etnografía multilocal. Alteridades, 11 (22).-Naciones Unidas. Recuperado 13/11/15: http://www.un.org/es/events/toleranceday/ -Organización Internacional del Trabajo. Recuperado 14/11/15: http://www.ilo.org/dyn/natlex/natlex4.detail?p_lang=es&p_isn=95121&p_country=PRY&p_count=178

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SUSTENTABILIDAD Y CONTACTO CULTURAL. ¿REALIDAD O UTOPÍA?

La adecuada gestión de los recursos naturales para la satisfacción de las necesidades vitales es un tema recurrente de debate actual que ha estado presente en las diferentes culturas a lo largo de la Historia, incluso en las llamadas culturas no desarrolladas. Las formas de entender y comprender los fenómenos de la Naturaleza y su gestión de modo favorable para la supervivencia de un determinado grupo social forman parte de las cosmovisiones de los pueblos. En el llamado mundo civilizado el paradigma cartesiano y su división dicotómica entre ser y estar-en-el-mundo, ha guiado cada uno de nuestros pasos en una carrera sin limites por la explotación de los recursos naturales. En contraposición a esta forma de pensamiento, en algunos lugares de nuestro planeta aún se conservan rasgos culturales de otras formas de supervivencia, el hábitat y los actores sociales que en ellos intervienen, son una especie de legado biosociocultural los cuales podrían empezar a considerarse como verdaderos y vivientes indicadores ecológicos y sociales del estado del Planeta.

El contacto cultural (o el contacto entre pueblos de culturas diferentes), presenta diferentes características de acuerdo a las diversas formas que puede llegar a adoptar el mismo, el ejemplo que voy a presentar es un caso a caballo entre un proceso de aculturación cultural y un proceso de asimilación cultural. El primero de ellos se manifiesta en el cambio de la cultura material, prácticas tradicionales y creencias, y el segundo, representa la absorción total o parcial del grupo étnico por parte de la sociedad dominante: La sociedad de mercado. En el caso de las culturas amerindias o culturas indígenas en América Latina, han sido las que mayor impacto han sufrido respecto a la cultura colonizadora y las que mayores perdidas han sufrido en términos de sustentabilidad, puesto que un elemento primordial de su sistema en equilibrio había sido expropiado: la Tierra. Concretamente el pensamiento andino-amazónico-chaqueño concibe la “Buena Vida” a partir de la observación de la naturaleza y el comportamiento del Universo. El eje que articula las relaciones entre sus miembros es el principio de reciprocidad comunitaria, principio económico-ecológico (implica dar al que necesita sin esperar algo cambio), la economía ha sido de supervivencia y los excedentes producidos se han almacenado para la reproducción del grupo y no tal y como conocemos en la actualidad la noción de acumulación capitalista pos-imperialista neolibera. La vida esta arraigada en el “estar-en-la-Tierra/Universo” como presente dinámico de la vida e inseparable del Todo. El contacto cultural trajo a estas culturas lo que Marx denominó fetichismo de la mercancía respecto a las propiedades que adquiere una cosa en el sistema de producción capitalista, el mismo concibe la tierra como una mercancía con un valor de uso y un valor de cambio que puede ser acumulado (y objetivado), alterando de este modo la totalidad de las relaciones ecológicas, económicas, sociales y políticas.

El caso concreto del pueblo Sanapaná y Angaité en el Chaco paraguayo son dos paradigmas de la región que presentan hoy problemas graves de supervivencia debido a varios aspectos que influyen en la sustentabilidad de sus comunidades. Aspectos políticos, económicos y sociales vehiculan la problemática ecológica de estos pueblos mermados por la desnutrición y lpor consiguiente la alta mortalidad. La contra cara de la situación descrita está compuesta por la otra realidad, la de los latifundistas o fazendeiros, palabra ésta última de origen portugués que hace referencia al patrón o dueño de la fazenda o hacienda; es “el que hace” -en terminos de producción- en oposición al que no “no hace”. En Paraguay en general, y en el Chaco en particular, desde la llegada de los primero colonizadores y posteriormente durante la larga dictadura de Stroessner hubo gran transferencia de tierras originarias a favor de manos extranjeras muchos de ellos provenientes de Brasil y/o de Portugal. De ahí la vigencia del termino para designar al que posee la tierra enmarcado siempre en la lógica de la economía de mercado -costo/beneficio- a través de explotaciones agrícolas y ganaderas cuyas características principales se podrían resumir, muy brevemente, en: Elevado nivel de concentración territorial trabajado -o explotado- por mano de obra muy barata y/o régimen de semi-escalvitud (servidumbre) de población indígena y mestiza, principalmente. Por otra parte la presencia de diversas ordenes religiosas que a modo de lo que se conoce como misiones llevan a cabo sus tareas intensivas de asimilación cultural, social y económica, y aunque el propósito aparente y prioritario de muchas de ellas sea llevar la Palabra de Dios y brindar ayuda humanitaria, algunas de ellas olvidan (?!) o desconocen que estos grupos étnicos tienen identidad etno-ecológica propia, a saber:

Cazadores y recolectores, nómadas y ecologistas por antonomasia, continuos inmigrantes en busca de víveres para su supervivencia. Son supervivientes de un genocidio que perdura hasta nuestros días y sobreviven (o al menos lo intentan), con los escasos recursos que proporciona el medio en el que viven. Ecológicamente el Chaco paraguayo se puede definir como una sabana sub-tropical templada, con sectores de suelo salino y gran variedad de flora y fauna dispersa por toda la superficie, aunque altamente condicionada por las estaciones seca y lluviosa. Por ello antaño estos pueblos transitaban por el territorio durante los cambios estacionales en un libre y continuo movimiento migratorio donde el perímetro territorial era mucho más extenso (por no decir ilimitado), permitiendo la perfecta reposición de la cadena trófica para la supervivencia de todos los componentes ecosistémicos. Es importante destacar que los impactos etno-ecológicos recibidos antes de la Conquista de carácter inter-tribal no supusieron, en modo alguno, una amenaza en términos de seguridad ambiental como la representada por el nuevo modelo de producción. Estas gentes han sido obligadas a cambiar su estilo de vida, y a trabajar marginados y en reiteradas ocasiones aislados de sus familias en núcleos urbanos como mano de obra ocasional. Si alguno de los lectores visita alguna vez este maravilloso pulmón de Sudamérica con sólo observar por unos momentos su estación de autobuses en su capital Asunción podrá ver con sus propios ojos imagines tan aberrantes de humillación y olvido que quizás difícilmente sus vidas puedan continuar del mismo modo.

Actualmente persisten -y resisten- en las llamadas tierras originarias, o en lo que ha quedado de ellas, puesto que son muy pocos los grupos que pueden jactarse de ello, ya que el avance de la frontera agropecuaria y el apoyo del Estado paraguayo a ciertos grupos económicos y/o religiosos (el caso de la comunidad menonita requiere estudio aparte), los obliga al desplazamiento forzoso permanente provocando graves repercusiones en la totalidad de las dimensiones antropológicas de los pueblos indígenas. Como si de un acto de resistencia pacífica se tratara, pareciera que esperaran ser convocados para así algún un día contar su verdadera historia. Quizás aún no sea demasiado tarde para aprender a escuchar el silencio en un mundo donde el ruido de la globalización nos subsume en una diáspora individualizadora. Cabe preguntar si somos capaces, después de más de cinco siglos de contacto cultural, de establecer un diálogo respetuoso que permita sentar las bases para la protección y el fomento de la sustentabilidad de las formas de vida sub-alternas, generando espacios participativos y equitativos de relaciones interculturales.

Imagen propia: Chaco Boreal, 2014

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