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Sistemas alimentarios – sistemas culturales

“No hay nada más castizo que el chocolate con churros” […] “Eso dicen orgullosos aquí, en Madrid, sin embargo, eso que consideran tan propio proviene del cruce de culturas y de la triangulación de rutas comerciales entre Asia, África y las Américas” […].

Así recuerdo las palabras que me dijo hace tiempo una de mis profesoras en Antropología Social y Cultural, que a modo de ejemplo, medio escenificaba de qué modo las identidades individuales y grupales (“ser castizo”, en este caso) refieren a determinados alimentos, modos particulares de preparación, apropiación y significación.

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Los sistemas culturales, y más precisamente los sistemas alimentarios, también se conforman en torno a convenciones socioculturales con múltiples funciones sobre la alimentación y  algunas de ellas son:

  1. Satisfacer el hambre y nutrir el cuerpo
  2. Iniciar y mantener relaciones personales y de negocios
  3. Demostrar la naturaleza y extensión de las relaciones sociales
  4. Proporcionar un foco para las actividades comunitarias
  5. Expresar amor y cariño
  6. Expresar individualidad
  7. Proclamar la distintividad del grupo
  8. Demostrar la pertenencia a un grupo
  9. Hace frente a estrés psicológicos o emocionales
  10. Significar estatus social
  11. Recompensas o castigos
  12. Reforzar la autoestima y ganar reconocimiento
  13. Ejercer poder político y económico
  14. Prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades mentales
  15. Prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades mentales
  16. Simbolizar experiencias emocionales
  17. Manifestar piedad o devoción
  18. Representar seguridad
  19. Expresar sentimientos morales
  20. Significar riqueza

 

Imagen: Propia

Fuente: Contreras Hernández J. y Gracia Arnáiz M.(2005). Alimentación y Cultura. Perspectivas antropológicas. Barcelona. Editorial Ariel

 

Globalización (es)

“Incluso hasta un antropólogo  habla de cultura norteamericana sin tener un  entendimiento muy claro de lo que una frase así puede significar” […] (A. Gupta y J. Ferguson, 1992).

El sabor a menta, la tierra colorada, los mates de Elena, el calor del Chaco, paisajes sonoros… inevitables evocaciones múltiples; intacta memoria perceptosensorial. En mi espacio próximo un supermercado “chino” vende yerba mate por dos euros y noventa y cinco céntimos, en Paraguay quince mil guaraníes creo recordar…

Explorando las experiencias que construyen diferencias entre los espacios notablemente interconectados, ¿Qué procesos pueden resultar observables para responder adecuada e históricamente acerca del significado de identidad y territorio?.

Sigo con los mates quién sabe dónde, intentando responder a una responsable labor antropológica

#territorios #identidades ##globalizaciones

 

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Distorsiones

Durante el acto de comer dispongo de una oportunidad inconmensurable para contemplar, saborear, aprehender e in-coporar cada una de las transformaciones que han transitado los recursos en/de la Tierra hasta convertirse en mi alimento. Momento transmutador. Proceso que permite re-conocerme en mis elecciones. También puede ser una ocasión pertinente para la reflexión sobre las distorsiones del mercado y sus intencionadas, colectivas y no fortuitas fluctuaciones. Nada es gratis. Todavía no me depositaron el sueldo y con dos euros y medio como frutas exóticas a buen precio: fiebre por el oro y jornalerx a destajo en Surinám; capital transnacional en las Caimán; golpe de estado en Pakistán; y para un musulmán terminó el Ramadán. Todo a la vez. Sabores desbordados. Yuxtaposiciones inherentes no isomórficas. Plasticidad neuronal flexible y no del todo irreversible. Distorsiones temporo-espaciales producen en mí alteraciones percepto-sensoriales, inmutabilidad compartida, espacios difusos que muchas veces me alejan del suelo, veo borroso, no os veo, me veo (?)

 #espacios #ritos #globalizaciones

Imagen propia
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YUCATÁN

La primera vez que monté en bicicleta fue con la ayuda de un familiar. Necesitaba rueditas a los costados porque el tránsito no era continuado y mi primo algunos años mayor me empujaba. Se había propuesto enseñarme a andar. Los primeros intentos fueron fallidos, algún que otro raspón en las rodillas, algúna que otra demostración, consejos técnicos y sobre todo mucha observación porque mi (s) cuerpo (s) no sabía. Pasaban las horas sin tiempo…

El primer día que lo conseguí (mos) recuerdo una sensación de vértigo enorme, era una experiencia nueva y apasionante. Actitud reveladora. Pronto entendí que de mí dependía la permanencia y continuidad en el andar. Soñaba con recorrer nuevos lugares, incluso hasta volar, ah…qué tiempos aquellos…

Mi cuerpo en movimiento podía transforme y transformar los paisajes. Si algún día estaba cansada sabía que alguien delante de mí tomaría la iniciativa para luego pronto sumarme al paseo. Buscaba encontrar nuevos momentos para escaparme y ser yo en plenitud, la sensación del aire en la cara constataba firmemente mi vitalidad, mi elección.

Ya había arrancado (!), salíamos a recorrer las calles del barrio, y mi hermano algo menor sería el siguiente en conseguirlo. Con el paso de los años nunca olvidaría cómo hacerlo: La permanencia en el andar es una actitud fundamental, modo-de- ser-esencial, actitud-en-relación, resistencia aprehendida, resistencia cotidiana…

#México #resistencias #procesos

Imágen propia: Península de Yucatán

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LEGADO ACHÉ

Caminando por las calles de Asunción, en Paraguay, un domingo de primavera con bastante calor y sin prácticamente asuncenxs en la ciudad, tuvo lugar el inicio de un ritual: mi bautismo.

Las calles de la capital paraguaya parecían revivir los días en que no se podía circular por la vía pública libremente, parecía que el tiempo se había detenido. Entre reflexiones y pensamientos encontrados acerca de la naturaleza aparente de ausencia de vida social mi memoria se dedicaba a comparar domingo (s) y cultura (s). Era la primera vez que visitaba en profundidad aquellos lugares, y sin conocer en absoluto las calles por donde transitaba, había decidido salir a caminar sin mapa ni guía, excepto una única parada obligatoria para ir al baño en una gasolinera y de paso preguntar al dependiente dónde estaba “el centro”.

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Después de un largo recorrido viendo abundante vegetación, casas que quizás a simple vista y a los ojos de un posible turista europeo puedan parecer “abandonadas”, algún que otro coche circulando, la puerta del museo Andrés Barbero, y un sin fin de nuevas fotografías, destaco, los carteles y pintadas de la Universidad Nacional de Asunción denunciando corrupción y dictadura. Más adelante y durante algunos metros se apoderó de mí una sensación extraña quizás un estado liminal, atemporal, aestructural (?). Imposible categorizar mi experiencia de manera precisa, el pasado y el presente se estaban conjugando a la vez y de manera acelerada, mis significados alternos dejaban de servirme. A medida que avanzaba veía al final de una bocacalle ropa tendida, quizás chabolas integradas en el paisaje urbanístico (?), no podía ver bien, dos niños jugando en la calle lo confirmaron. Me miraron. Se trataba de un barrio “peligroso” me informaron más tarde. Extrañas y curiosas formas de peligrosidad pensé…

Más adelante una plaza vallada, comienzo a ver gente caminando, otrxs están sentadxs en el césped, la sensación seguía y me provocaba una inmensa curiosidad: estaban ocupando la plaza (?), vivían allí (?), qué tipo de encuentro era ese cuando toda una ciudad estaba ausente (?), quiénes eran (?). En esos instantes me di cuenta que tenía dos opciones: podía retroceder unos pasos y salir fuera y observar desde otra acera lo que estaba ocurriendo o situarme junto a lxs valladxs viendo y sintiendo como ellxs aquel paisaje de aislamiento. El tránsito hacia la temporalidad estaba teniendo lugar, mi elección lo confirmaba, y  sin dejar de avanzar me dirigí hacia esas familias, el humo de las brasas cocinando mandioca, algunas mujeres, niños y hombres observaban mi paso, al igual que la policía situada al otro lado; parecía que todo estaba transcurriendo en cámara lenta. Comprendí rápidamente que era una cuestión de Estado, eran ellxs, lxs primerxs y lxs últimos de una histórica y ancestral resistencia; allí conocí a Marciano un joven líder  del Pueblo Aché.

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En los días siguientes mi nuevo amigo ya había regresado a su lugar de residencia habitual, nos comunicábamos mediante WatsApp, esperando a que el tiempo mejore y así poder visitar su comunidad y sus gentes. Me había agradecido profundamente haber dedicado un poco de mi tiempo a escuchar sus reclamos aquel domingo en el que familias de diferentes pueblos se habían autoconvocado pidiendo otra vez más un poco de justicia: charlamos, hicimos fotos, grabamos entrevistas; nos reconocimos. Sin embargo, no pude responder a su invitación, las condiciones climáticas entre otras condiciones impidieron mi partida hacia el sur del país. La experiencia en los territorios y las nuevas tecnologías me estaban acercando mucho más de lo esperado a otras culturas,  otras cosmovisiones, a la contemporaneidad vivida a través de nuevas formas de comunicación:

Un día recibí un mensaje cuyo contenido terminó de transformar los aspectos materiales y simbólicos de los sitios de producción cultural, lo ritual y lo virtual, tan cerca y tan lejos (?), aspectos difusamente unidos mediante un lenguaje compartido cuya semántica transgrede lo lingüístico y se sitúa en otro orden de ideas. La comunicación no ha hecho otra cosa que expandirse proponiéndome una profunda reflexión acerca de los atributos y cualidades aún todavía por explorar entre las nuevas tecnologías, las cosmologías amerindias y las múltiples formas de comunicación transcultural; ancestralidad transespacial (?)

Hoy mi nuevo nombre es Atagi, espíritu de conejo, así me bautizo mi nuevo amigo en aquel mensaje y mi identidad transitó una vez más una nueva hibridación porque el legado aché ya es de algún modo parte de mí.

#territorios #ciberespacio #Sudamérica

Imágenes propias:  #Asunción #2015

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40 años

 

María tiene la edad de 36 años, todavía recuerda cuando era pequeña y su madre le decía que no hable con los policias “que no diga nada” porque ellos “no son buenos”; por aquellos años nunca supo a qué se refería su progenitora. Con el paso del tiempo y  entrando ya en la adolescencia sus padres le informan de lo sucedido:

Ellos junto a otros familiares habían sido secuestrados y torturados en centros de detención clandestina durante la dictadura argentina en el año 1976.

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A pesar de los intentos de reconstrucción de memoria histórica -por parte de los últimos gobiernos- en cuanto a la repación de daños a víctimas de Estado por delitos de lesa humanidad,  ninguno de ellxs ha querido (o podido), revivir lo sucedido para dar comienzo al debido proceso.

Cada unx ha generado sus propias estrategias de supervivencia, siendo los recuerdos de aquel episodio, una página en blanco en la memoria de los familiares de María.
Los múltiples intentos de fusilamiento perpetrados contra ellxs; los desesperantes relatos de otrxs compañerxs secuestrados; mujeres embarazadas a punto de dar a luz en la clandestinidad; o el diminuto tamaño de las celdas donde se encontraban encerrados que ni siquiera les permitía ponerse de pie, son sólo algunos de los detalles que los familiares de María han podido comunicarle en el transcurso de estos años.

Estos y otros tantos acontecimientos horribles e inconfesables han quedado para siempre en la memoria de sus identidades.

Este pequeño texto es un merecido encuentro con la Verdad y la Memoria, y una incitación al recuerdo más allá de las generaciones supervivientes. Sabiendo que las recetas de dominación neoliberal no han variado mucho en el tiempo, porque sus objetivos no cambiaron, es la experiencia compartida una oportunidad ineludible para repensar colectiva y transgeneracionalmente diversas formas de resistencia (s) en América Latina y el Caribe.

#AmericaLatina #Argentina #memoria #historia #nuncamas

Imagen: Centro de Investigación y Documentación en Estudios Latinoamericanos
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ETNO-BIOGRAFÍA PARA EL ALMA

Casabindo es una localidad de la provincia de Jujuy en el noroeste de la República Argentina (en la Puna jujeña) y una vez al año “el pueblo se alegra como si hubiera vuelto el oro” (Prelorán J., 2000) otrora único atractivo para los conquistadores. Las formas de vida sub-alternas incorporan en su cosmovisión la naturaleza y las prácticas culturales como protagonistas y testigo de los acontecimientos sociales de los pobladores del altiplano.

El cortometraje adjunto fue construido a partir de una metodología que el propio autor calificó de “no científica”, por estar “guionada, manipulada, los actores no son cualquier persona” (Ibíd.), considero necesario recordar que los/as antropólogos/as también elegimos a nuestros informantes -individuos o grupos de individuos- y organizamos  la información para que se ‘adapte’ a los objetivos de la investigación buscando una lógica subyacente a los acontecimientos observados formando un todo argumentado. Es la contaminación generada por la subjetividad de los sentimientos, una “debilidad” que  la Antropología convencional no se ha permitido en la empresa de la producción del conocimiento científico: tristeza, culpa, miedo, felicidad, pasión y gratitud. En este sentido elaborar un análisis de los símbolos que conforman la vida de Casabindo, y de cualquier otro pueblo, puede llegar a consistir una tarea de investigación pero también un juego de la imaginación subjetiva en el intento de explorar la ambigüedad que los propios símbolos representan por su naturaleza híbrida y a la vez cohesionadora. La variedad simbólica descrita por el autor en el esfuerzo por dar vida a un lugar “que vive y está muriendo” adquiere mayor relevancia por ser un espacio caracterizado por condiciones adversas para la supervivencia -son formas de vida subyugadas por múltiples factores- y que a pesar del olvido histórico, político y económico que padece la región, al menos una vez al año, se reproduce una especie de esplendor que en otro momento el pueblo y sus gentes pudieron vivenciar.

Más recientemente los pobladores evocan alegría, esperanza, y confianza en un mundo mágico y compartido. En la ceremonia se materializan los diversos procesos de transculturación producidos a lo largo de los últimos siglos, los instrumentos utilizados son parte de un legado cultural en el cual participaron diferentes actores organizados en diferentes posiciones sociales y que hoy se manifiestan quizás en relaciones algo mas equitativas. Antaño, los recursos naturales como el oro, justificaron la introducción de marcadas diferecnias jerárquicas de clase y de raza entre los actores. Si tuviera que descubrir algún tipo de relación en las fases de la ceremonia podría decir que observo por un lado un paralelismo entre el día y la alegría y, por otro lado el atardecer y la tristeza con el momento del día en el que termina la fiesta donde los devotos están “cansados, callados y contentos, contentos porque están tristes” […] (Casabindo, 1965). Durante el esplendor del día la vida religiosa y ritual puede observarse a través de la conservada estructura arquitectónica de las construcciones de los otros -los colonizadores- pero que con el paso del tiempo albergan otras realidades simbólicas re interpretadas -y renovadas- constitutivas de los significados elaborados por los colonizados; la “Mamita” y la Virgen de Copacabana tienen identidad propia. Los pobladores de la región celebran sus propias creaciones; identidades hibridizadas -pero no híbridas- formando un mosaico de representaciones colectivas compartidas vivas. La orquesta formada por diversos instrumentos musicales tradicionales completa otra fase de la ceremonia ritual y bien podría considerarla como una fase liminal o de tránsito hacia el final. Por la tarde: El ocaso. En la plaza de toros los pobladores juegan con un animal pequeño y manso; en el presente ya no hay muertos en las corridas. En Casabindo el principio del final de la ceremonia -en la plaza-, se puede parecer a la impronta de los colonizadores porque los pobladores viven el final de la alegría, el final de la abundancia. Los procesos de transculturación en el que se enmarca el cortometraje aquí presentado podrían considerarse como una forma muy adecuada de entender procesos de transformación cultural en los que inexorablemente se pierden -pero también se ganan- particularidades que hacen de cada escenario social un lugar único e irrepetible. El carácter auténtico impregnado en la obra puede llegar a aproximar al espectador a una realidad desde la intimidad ofrecida por la llamada etno-biografía, una especie de etnográfia libremente practicada, sin ánimos de ser ciencia sino de transmitir el sentimiento de los seres -humanos y no humanos- que habitan y son parte de la realidad biosociopsicocultural desconocida. Quizás ese haya sido el aspecto más importante a destacar:

La etno-biografía fue creada para “educar el alma, educar el alma contra el racismo que no es otra cosa que desconocimiento”, mencionó el autor en una entrevista. Conocer, interpretar, y comprender al otro son tareas que todo/a antropólogo/a debe llevar a cabo pero quizás si la disciplina antropológica se librara de los estigmas provocados por la ‘razón’ podría asumir a los sentimientos como una característica humana y humanizante constitutiva del ser-humano capaz de producir, al igual que el intelecto, conocimiento científico . Sólo así podríamos re-pensar la subjetividad (y las diferentes dimensiones de su expresión) como un factor importante en el proceso de construcción etnográfica.

imagen: http://boomerangviajes.tur.ar/holiday_tag/aventura/

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