Archivo de la etiqueta: etnicidad

ETNO-BIOGRAFÍA PARA EL ALMA

Casabindo es una localidad de la provincia de Jujuy en el noroeste de la República Argentina (en la Puna jujeña) y una vez al año “el pueblo se alegra como si hubiera vuelto el oro” (Prelorán J., 2000) otrora único atractivo para los conquistadores. Las formas de vida sub-alternas incorporan en su cosmovisión la naturaleza y las prácticas culturales como protagonistas y testigo de los acontecimientos sociales de los pobladores del altiplano.

El cortometraje adjunto fue construido a partir de una metodología que el propio autor calificó de “no científica”, por estar “guionada, manipulada, los actores no son cualquier persona” (Ibíd.), considero necesario recordar que los/as antropólogos/as también elegimos a nuestros informantes -individuos o grupos de individuos- y organizamos  la información para que se ‘adapte’ a los objetivos de la investigación buscando una lógica subyacente a los acontecimientos observados formando un todo argumentado. Es la contaminación generada por la subjetividad de los sentimientos, una “debilidad” que  la Antropología convencional no se ha permitido en la empresa de la producción del conocimiento científico: tristeza, culpa, miedo, felicidad, pasión y gratitud. En este sentido elaborar un análisis de los símbolos que conforman la vida de Casabindo, y de cualquier otro pueblo, puede llegar a consistir una tarea de investigación pero también un juego de la imaginación subjetiva en el intento de explorar la ambigüedad que los propios símbolos representan por su naturaleza híbrida y a la vez cohesionadora. La variedad simbólica descrita por el autor en el esfuerzo por dar vida a un lugar “que vive y está muriendo” adquiere mayor relevancia por ser un espacio caracterizado por condiciones adversas para la supervivencia -son formas de vida subyugadas por múltiples factores- y que a pesar del olvido histórico, político y económico que padece la región, al menos una vez al año, se reproduce una especie de esplendor que en otro momento el pueblo y sus gentes pudieron vivenciar.

Más recientemente los pobladores evocan alegría, esperanza, y confianza en un mundo mágico y compartido. En la ceremonia se materializan los diversos procesos de transculturación producidos a lo largo de los últimos siglos, los instrumentos utilizados son parte de un legado cultural en el cual participaron diferentes actores organizados en diferentes posiciones sociales y que hoy se manifiestan quizás en relaciones algo mas equitativas. Antaño, los recursos naturales como el oro, justificaron la introducción de marcadas diferecnias jerárquicas de clase y de raza entre los actores. Si tuviera que descubrir algún tipo de relación en las fases de la ceremonia podría decir que observo por un lado un paralelismo entre el día y la alegría y, por otro lado el atardecer y la tristeza con el momento del día en el que termina la fiesta donde los devotos están “cansados, callados y contentos, contentos porque están tristes” […] (Casabindo, 1965). Durante el esplendor del día la vida religiosa y ritual puede observarse a través de la conservada estructura arquitectónica de las construcciones de los otros -los colonizadores- pero que con el paso del tiempo albergan otras realidades simbólicas re interpretadas -y renovadas- constitutivas de los significados elaborados por los colonizados; la “Mamita” y la Virgen de Copacabana tienen identidad propia. Los pobladores de la región celebran sus propias creaciones; identidades hibridizadas -pero no híbridas- formando un mosaico de representaciones colectivas compartidas vivas. La orquesta formada por diversos instrumentos musicales tradicionales completa otra fase de la ceremonia ritual y bien podría considerarla como una fase liminal o de tránsito hacia el final. Por la tarde: El ocaso. En la plaza de toros los pobladores juegan con un animal pequeño y manso; en el presente ya no hay muertos en las corridas. En Casabindo el principio del final de la ceremonia -en la plaza-, se puede parecer a la impronta de los colonizadores porque los pobladores viven el final de la alegría, el final de la abundancia. Los procesos de transculturación en el que se enmarca el cortometraje aquí presentado podrían considerarse como una forma muy adecuada de entender procesos de transformación cultural en los que inexorablemente se pierden -pero también se ganan- particularidades que hacen de cada escenario social un lugar único e irrepetible. El carácter auténtico impregnado en la obra puede llegar a aproximar al espectador a una realidad desde la intimidad ofrecida por la llamada etno-biografía, una especie de etnográfia libremente practicada, sin ánimos de ser ciencia sino de transmitir el sentimiento de los seres -humanos y no humanos- que habitan y son parte de la realidad biosociopsicocultural desconocida. Quizás ese haya sido el aspecto más importante a destacar:

La etno-biografía fue creada para “educar el alma, educar el alma contra el racismo que no es otra cosa que desconocimiento”, mencionó el autor en una entrevista. Conocer, interpretar, y comprender al otro son tareas que todo/a antropólogo/a debe llevar a cabo pero quizás si la disciplina antropológica se librara de los estigmas provocados por la ‘razón’ podría asumir a los sentimientos como una característica humana y humanizante constitutiva del ser-humano capaz de producir, al igual que el intelecto, conocimiento científico . Sólo así podríamos re-pensar la subjetividad (y las diferentes dimensiones de su expresión) como un factor importante en el proceso de construcción etnográfica.

imagen: http://boomerangviajes.tur.ar/holiday_tag/aventura/

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

EL ALTO DE BOLIVIA

Recordando uno de los viajes que ha cambiado profundamente el modo de ver mi vida -y la de los/las otros/as-, he encontrado esta imagen tomada en El Alto, ciudad constituída principalmente por aymarás, en la que se puede observar la otra ciudad: La Paz, ciudad mestiza, fruto del contacto entre diversas culturas y cubierta de una bruma particularizante y asimiladora de la diferencia étnica. Más allá se encontraba la ciudad blanco-criolla la cual no tuve oportunidad de conocer, y en ese momento ni falta que me hizo, considero que las clases dominantes en las diferentes partes del mundo intentan, a su manera,  parecerse a ese ideal europeo en el que la forma prevalece sobre la esencia. Estabamos alojadas en un “hostel” bastante barato en la parte mestiza de la ciudad cuando decidimos continuar el viaje en dirección a Copacabana -una de las principales localidades ribereñas del lago Titicaca- y bautizada por la Conquista con este nombre en un intento de traducir el nombre pre-colombino Copakawana (deidad cuya adoración favorecía principalmente la fecundidad); y la que por otro lado, diferentes viajeros nos habían recomendado visitar.  La parada anterior y obligada era El Alto, pues de allí partían los autobuses hacia nuestro próximo destino. Rodeadas de autobuses, taxis y un cementerio que enmarcaba el escenario en el cual tomé la fotografía que cito, las casetas prefabricadas de los “adivinadores” instaladas en la puerta del sacramental daban cuenta de una multiplicidad de rasgos culturales que articulaban (y articulan) las relaciones sociales de los allí vivientes. “Leemos cartas, llamamos animos niños y adultos, coca en vena” […] decían algunos de sus carteles por demás curiosos para la vista de los/las circunstanciales viajeros/as. El lugar que estaba transitando fue -y sigue siendo- el espacio geopolítico y simbólico central del movimiento político indígena boliviano de los últimos años, allí, nos encontrábamos entre las incontables flores, puestos de comida ambulante, inumerables medios de transporte, el Mercado 16 -cuyo comentario merece texto aparte- , y por sobre todas las cosas transmigrantes de ida y de vuelta entre “lo campesino” y lo “urbano”. En este lugar durante las últimas décadas se ha venido generando una forma particular de manifestar la (s) identidad (es) y para ello se utiliza el castellano y el aymará, y  que muchos gobernantes e intelectuales han venido a llamar “movimientos rurales/urbanos” o “movimientos indígenas” o incluso “etno-populares”. Empero, en pleno siglo XXI quizás no importe tanto el término que utilicemos para llamar a este fenómeno de desterritorialización de lo étnico, como comprender que la (s) identidad (es) se manifiestan en un continuum que no entiende de fronteras políticas, económicas, sociales y mucho menos territoriales.

#Bolivia #identidades

Fuentes:-Bengoa J. (2009)  “Una segunda etapa en la emergencia indígena en América Latina”. Cuadernos de Antropología Social Nº29. UBA. -Imagen propia.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.