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Metodología etnográfica en Antropología Médica

Nothing so concentrates experience and clarifies the central conditions of living as serious illness. The study of the process by which meaning is created in illness (…) and illness narratives edify us about how life problems are created, controlled, made meaningful. They also tell us about the way cultural values and social relations shape how we perceive and monitor our bodies, label and categorize bodily symptoms, interpret complaints […]. We can envision in chronic illness and its therapy a symbolic bridge that connects body, self and society.

El autor de la cita introductoria es Arthur Kleinman uno de los científicos sociales y
médicos, tal y como afirma Porta (2010) de los que “más han hecho por integrar la antropología y la medicina clínica” , en este pequeño fragmento extraído de su obra titulada The illness narratives. Suffering, healing and the human condition (1988), pone sobre la mesa una cuestión central que tanto Comelles J. M. (2000); Stoller P. (2009); Frank A. (1995); y Good B. (2003) han sabido destacar en cuanto a la importancia de la experiencia personal en el giro reflexivo de la producción de conocimiento en el marco de la narrativa etnográfica. En cada uno de los autores he podido identificar dos cuestiones que a mi entender son fundamentales a la hora de comprender “ese giro” narrativo: Por una parte, las relaciones emergentes entre los nuevos modos de percibir el cuerpo, el yo (self) y la sociedad, una especie de extrañamiento reflexivo en torno a cuestiones naturalizadas, y por otra, y ligada a la anterior, sobre el significado de la enfermedad en diferentes contextos. Es por ello que a modo de resumen a continuación expondré la importancia de la narrativa personal en torno a la enfermedad y el sufrimiento de cada uno de los autores mencionados a fin de identificar esas relaciones entre cuerpo, yo y sociedad y sus diferentes representaciones. Una selección sugerente y siempre inacabada de “nuestro objeto de estudio”.

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En primer lugar, Josep Mª Comelles (2000) en Tecnología, cultura, y sociabilidad. Los límites culturales del hospital contemporáneo, narra la experiencia personal de un accidente grave sufrido junto a su esposa que él mismo sitúa en el marco de “la práctica médica, auto-atención institucionalizada, y religión” (p. 305). Desde el comienzo destaca su doble posicionamiento como antropólogo y psiquiatra encausando de éste modo la narrativa del libro titulado Medicina y Cultura. Estudios entre la antropología y la medicina (2000). Inmerso en una identidad hibridizada cuya finalidad es reconstruir el sufrimiento manteniendo la tensión entre la experiencia próxima y la experiencia distante (Geertz, 1994). En este
sentido, pone el foco de atención en el sufrimiento y permite al autor visibilizar las relaciones sociales que giran en torno a él así como las dinámicas vinculadas al cambio cultural en la estructura del tratamiento, la importancia de la red social del enfermo (en éste caso el quemado, o más bien, la quemada), el tránsito hacia una muerte social programada en el marco de la institución hospitalaria, las carencias o lagunas de las prácticas y/o conocimiento médico ante determinados sucesos, los sentidos de la resistencia, y por último, sus complicidades con los discursos de la religiosidad; todos estos aspectos vienen a conformar la trama de la narrativa etnográfica.

En segundo lugar, Paul Stoller (2009) en Stranger in the Village of the Sick, y en particular en los capítulos Ethnography (p. 154) y Memoir (p. 160), expone una serie de reflexiones relacionadas con la importancia de la narrativa etnográfica de la enfermedad y el sufrimiento, y de cómo la escritura de la experiencia personal es una forma de conectar realidades, experiencias complejas y entrelazadas, como si se tratara de una especie de “regalo para el mundo” (p.156). La narrativa etnográfica de una experiencia personal de enfermedad y/o sufrimiento también contribuye al descubrimiento de la alteridad, ejercicio dialógico posible a partir de una relación social que evoca el encuentro como una relación de sentido eminentemente antropológica. Si bien las narrativas sobre las memorias del sufrimiento son abundantes, lo esencial es su capacidad para evidenciar dilemas personales,
sociales e institucionales, en realidades cada vez más interconectadas.

En tercer lugar, la propuesta de Arthur Frank (1995) en The Wounded Storyteller, y el capítulo titulado The Wound as Half Opening (p. 169-185). El valor etnográfico de éste remite al análisis del sufrimiento, la desintegración (física, psicológica y moral), la tortura de ciertos tratamientos como la quimioterapia etc.,y en particular la importancia de las historias orales entendidas como fuentes de solidaridad y de la relación establecida entre el que narra el dolor/sufrimiento del Otro y la propia interpretación de aquello. Es decir, habla de una relación inter-humana, citando a Levinas (entre otros) reconoce y comparte la idea de que la narrativa etnográfica del sufrimiento es una “apertura a medias” (p. 180) ya que el propio dolor lleva al aislamiento, al encierro. Es por ello que en cierta media puedo decir que la propuesta de este autor pone el foco de atención en las posibilidades de la escritura como oportunidad para el mapeo pero también en las limitaciones de la experiencia. En cualquier caso utiliza varias metáfora textuales entre las que destaco la “cojera de Jacob” como representación simbólica y bíblica del estigma en el cuerpo, el aspecto físico y espiritual contribuye una vez más a la inteligibilidad entre diferentes contextos.

Por último, Byron Good (2003) en Cómo construye la medicina sus objetos de estudio del libro Medicina, racionalidad y experiencia. Una perspectiva antropológica, se acerca al modo en que los estudiantes de medicina transitan una transformación de su propio self de manera tal que las experiencias próximas cotidianas dejan entrever el campo de lo simbólico en la construcción de un objeto de estudio totalmente nuevo, fragmentado y dislocado: Un nuevo cuerpo que emerge y requiere de nuevas formas de ver la realidad. Desde la rutina diaria, hasta los protocolos de actuación en los laboratorios, comentarios y reflexiones de estudiantes conforman un escenario que permite identificar una inteligibilidad en términos culturales más allá de la biomedicina. Esta etnografía permite al lector comprender el modo en que se construyen los objetos de estudio incluso hasta la propia medicina.

 

Referencias
Comelles J. M. (2000). Tecnología, cultura y sociabilidad. Los límites culturales del hospital contemporáneo. Medicina y cultura. Estudios entre la antropología y la medicina (Eds.). Pp. 305-351. Barcelona. Edicions Bellatera.
Frank A. (1995). The Wound as Half Opening. Chicago. University Press.
Good B. (2003). Cómo construye la medicina sus objetos. Medicina, racionalidad y experiencia. Una perspectiva antropológica. Pp. 129-168. Barcelona. Edicions Bellaterra.
Geertz C. (1987). Descripción densa: Hacia una interpretativa de la cultura. La interpretación de las culturas (pp. 19-20). Barcelona. Editorial Gedisa.

                 (1994). Desde el punto de vista del nativo: Sobre la naturaleza del conocimiento antropológico. Conocimiento local: Ensayos sobre la interpretación de las culturas. Barcelona. Editorial Paidós.
Porta M. (2010). El sufrimiento del dolor: Cuerpo, ser y sociedad. Gaceta Sanitaria. Vol. 24. Nº 3. Mayo/Junio. Barcelona.
Stoller P. (2009). The power of between. Chicago. University Press.

Imágenes: http://www.tour.ucam.edu/gallery/sala-diseccion/

Esquizofrenia: Un abordaje antropológico

A lo largo del siglo XX son constantes las relaciones establecidas entre la disciplina médica y la Antropología en general, en el caso del presento libro ¿Has visto cómo llora un cerezo? Pasos hacia una antropología de la esquizofrenia, tiene por objeto abordar desde una mirada antropológica la esquizofrenia entendida como un fenómeno biopsicosociocultural, una apuesta entre la etnografía y la epistemología (o teoría) que recorre las tres dimensiones de la enfermedad: i) dimensión biológica y psicobiológicas (disease); ii) cultural (illness); y iii) social (sickness). El autor lleva a cabo un abordaje sistémico de los factores que es preciso tener en cuenta para comprender la esquizofrenia desde un punto de vista teórico y a su vez siempre con un pie en el campo llevando a cabo un análisis de la estructura de los discursos de sus informantes.

Reseña
Reseña

Así como en la década de los sesenta aparecieron diferentes trabajos sobre la psiquiatría como el célebre Historie de la folie à l´âge classique (Michael Foucault) o Asylums de Gossman en el marco teórico de la crítica posmoderna, éste texto quizás un tanto más moderado en cuanto a la crítica que lleva a cabo sobre la construcción sociocultural de la enfermedad y los fines para los que fue creada, propone una mirada sistémica de la cuestión dejando al lector incursionar en el juego pendular que se produce entre las categorías de naturaleza y cultura y su hilo conductor: el habla. Fruto del trabajo de camponen la red asistencial de Barcelona y de su larga trayectoria como investigador en el campo de los estudios sobre etnopsiquiatría y antropología, el autor propone un viaje de ida en el esmero por develar una definición de la esquizofrenia que incorpore las sapiencias de los individuos que la padecen. El texto se compone de cuatro breves ensayos que a modo de crítica reflexiva abordan: La enfermedad; la ciudad; el confinamiento; y el lenguaje. En primer lugar, en la enfermedad, identifica la problemática que emerge de la falta de consenso en la definición de la esquizofrenia y por lo tanto de su relativa indefinición. Desde las diversas teorías de sesgo biologicista (teoría dopaminérgica, estructural-lesional, vítica y génetica) hasta las dificultades por diferenciar método-epistemológicamente los estudios culturales de los sociales, pasando por el determinismo cultural que concibe que toda enfermedad es una construcción cultural y temporal. Por otra parte permite repensar la posición que ocupan determinadas ciencias en la jerarquía de la producción de conocimiento. A continuación, la ciudad, como espacio material en el cual tiene lugar la enfermedad y en el intento de encontrar un modelo explicativo capaz de representar la multiplicidad de realidades a partir de probar los límites del método de análisis (cuantitativo y/o cualitativo). La ciudad representa para el estudio de la esquizofrenia un paradigma de organización territorial en el que confluyen diferentes zonas yuxtapuestas siendo el caso de la ciudad de Barcelona un ejemplo que permite visibilizar y contrastar las diferentes explicaciones que se han venido ofreciendo en torno a la relación de indicadores demográficos y la emergencia de individuos diagnosticados con esquizofrenia. Seguidamente, las técnicas de investigación cualitativa como pueden ser las historias de vida, la observación participante o las entrevistas en profundidad constituyen un complemento necesario para la comprensión de las dinámicas que convergen en las grandes urbes. En el tercer capítulo titulado El Confinamiento explora las raíces histórico-sociales del manicomio y a su vez rastrea las experiencias vitales de uno de sus informantes, sus vínculos, encuentros y desencuentros con la comunidad. El confinamiento, o encierro, entendido como estrategia de control social antaño recluidos mayoritariamente en manicomios hoy los individuos pareciera ser que permanecen dentro de los muros imaginarios que proporcionan los psicofármacos, los mismos desempeñan una labor similar y, aunque si bien durante las últimas décadas han proliferado diferentes tratamientos de carácter ambulatorio, la autoridad del terapeuta en el proceso asistencial sigue siendo privilegiada dejando entrever los niveles de coerción ejercidos sobre los individuos. En este sentido y fiel a los discursos subalternos que proclama una antropología crítica el autor nos acerca el relato de su informante, Babu, sus experiencias y un modo particular de estructurar los enunciados desplazándose hacia una especie de zona gris (Moreno Feliú, 2010) que en el marco de las convenciones sociales constituyen una isla con sus propias reglas, un subterfugio del lenguaje. Por último, el ensayo titulado lenguaje, analiza la estructuración y los diferentes modos de construcción social de realidades entre individuos con esquizofrenia. El delirio, estructuras, sentido y lenguaje, aspectos que en el análisis de las entrevistas de los informantes pueden trasladarnos al mundo de los otros, ya que al final de cuentas el uso del lenguaje es el aspecto que nos diferencia y que también de manera inalienable permite el encuentro. ¿Cúales podrían ser los aspectos más relevantes a tener en cuenta en el transcurso de la lectura?. En mi opinión observo dos aspectos que en el transcurso de la disciplina antropológica han tenido diferentes repercusiones y que en la actualidad siguen formando parte del trabajo de campo y también de la tarea de descripción narrativa y construcción literaria del género etnográfico. En el libro El antropólogo como autor de Clifford Geertz (1989), éste autor presenta las dificultades por las que transita el etnógrafo en la compleja labor de encontrar el equilibrio entre las experiencias subjetivas vividas en el campo y la necesaria objetividad para la producción de conocimiento. Un ejercicio de continua auto reflexión para todo antropólogo que se precie de tal y que no siempre es un objetivo alcanzado. Sin embargo, entiendo que después de una lectura profunda puedo decir que éste objetivo fue satisfecho en la medida que constituye un trabajo exploratorio e incipiente en el campo de la Antropología. Un segundo aspecto a tener en cuenta, tiene que ver con el rol del antropólogo en el campo, su posicionamiento y relación con los informantes. Otra vez Clifford Geertz (Ibíd.) nos habla acerca del desempeño de la labor del etnógrafo y la capacidad de gestión de los vínculos interpersonales. También y posteriormente Georges Marcus (2001) reconoce la necesidad de desarrollar una especie de rol circunstancial como activista en el campo, en este sentido, puede quedar la reflexión sobre la finalidad social y el compromiso con los sujetos observados en un texto que desde el comienzo busca establecer puentes entre nuestro mundo y la locura haciendo que pueda interesar no sólo al sector psiquiátrico y/o antropológico sino al público en general.

REFERENCIAS

-Clifford G. (1989). El antropólogo como autor. Barcelona: Paidós.

-Marcus G. (2001). La etnografía en/del sistema mundo. El surgimiento de a etnografía

multilocal. Alteridades, vol. 11, núm. 22, julio-diciembre, pp. 111-127, México

-Moreno Feliú (2010). En el corazón de la zona gris. Una lectura etnográfica de los campos

de Auschwitz. Madrid: Trotta

Enlace a editorial texto reseñado: http://www.publicacions.ub.edu/ficha.aspx?cod=05552

Imagen: https://www.viajejet.com/paisajes-primaverales/flor-de-cerezo/