Cáncer hasta en el reguetón / Cancer even in the reggaeton

Esp / Eng

Repasando los discursos calientes y actuales de la leyenda del reguetón Daddy Yankie, encontré Yo contra ti (2017) una letra cargada de información resistente (y de resistencia) contra el cáncer. La letra que a todo momento enuncia un discurso del padecimiento, se dirige hacia un sujeto tácito, una entidad que está en todas partes. Destino? Decisiones de la naturaleza? Karma? O el modo en que la biomedicina presenta su modo de entender el cuerpo y la enfermedad?

Con el impacto visual que la industria del ritmo latino sabe construir en torno referencias musicales de estas características, la imagen blanca inmaculada de la estética contemporánea biomédica nos conduce, una vez más, al impactante horror por el que transitan los individuos diagnosticados con cáncer y que además son tratados con biomedicina.

El paciente, aterrorizado, no sólo por recibir el diagnóstico sino todo el conjunto de significados que produce la biomedicina en las sociedades occidentales en torno al cáncer junto a sus espacios de curación. Espacios y discursos despersonalizados y relaciones cuasi incestuosas con la tecnología del más alto nivel. Produciendo individuos mezcla humano máquina diría Donna Haraway (1985) en A Cybor Manifiesto. La llegada del diagnóstico también viene a dislocar las representaciones construidas en torno al cuerpo individual social y político (Scheper-Hughes y Lock, 1987) que el sujeto ha venido re-significando en su historia de vida. El siguiente paso consiste en introducir a la hija pródiga y no poco controvertida de la biomedicina: la industria farmacéutica con todo su arsenal de medicación radioactiva, dosis que queman.

Tengo cáncer, me quedo en el limbo, en trance, el diagnóstico no es en ningún caso negociado, y la biomedicina ejerce el control de los tiempos, estados y modos de producción de los nuevos cuerpos medicalizados. Malestares que no son sólo físicos, y aún si así lo fueran, aun queda por resolver con qué evidencia científica podemos afirmar que las experiencias en torno al cuerpo son las mismas para los mismos diagnósticos (?), acaso incluso podríamos seguir hablando de mismos diagnósticos (?)

El diagnóstico y el modo en que la biomedicina aborda su curación viene a constatar la separación entre cuerpo y mente. Un ejercicio de difícil separación para la propia identidad del sujeto. El radicalismo desde el que es abordado la noción de cuerpo puede generar incluso más dolor que la propia enfermedad. Desconfigurando los mundos-vida, porque para la biomedicina el paciente o es un guerrero o es una víctima, las cuestiones vinculadas con la liminalidad es algo que debe resolver y cuanto antes el paciente.

Es importante recordar que la forma de concebir el cuerpo separado de la mente es sólo una epistemología entre las existentes. Precisamente el pensamiento dicotómico no es el más acertado en la tarea de cartografiar identidades en las cuales es precisamente la liminalidad, la dislocación o la hibridación aspectos constitutivos del proceso mismo de construcción identitaria. Algo que no termina nunca de construirse, porque la naturaleza de la identidad es dinámica.

En las sociedades occidentales hay hegemonía en la concepción de un cuerpo entendido en términos dicotómicos, cuerpo/mente, materia/espíritu, etcétera. Sin embargo, esto no quiere decir que no existan otras maneras de interpretar las experiencias y los cuerpos, incluso en las sociedades occidentales. El malestar que describe la canción puede ser pensado como una lucha entre el sentir del propio sujeto respecto a su cuerpo y un sentir que es ajeno, una identidad asignada por otros. La identidad biomedicalizada.

Una etnografía que supo reflejar muy bien el modo en que diferentes culturas abordan la enfermedad, ha sido Stranger of the Village in the Sick: A memoir of cancer, Sorcery and Healing de Paul Stoller (2004). Su autor, diagnosticado de cáncer de Linfoma no Hodgkin, describe los procesos de salud y enfermedad en el sistema biomédico y también del sistema de curación tradicional de hechicería africana. En el tránsito hacia la curación, el autor evidencia ambos mundos, permitiéndole construir una identidad negociada entre las diferentes epistemologías. La liminalidad entre mundos fue el camino para su liberación.

Los discursos de la resistencia que expresan los sentimientos de angustia, desesperación y depresión contra el cáncer, son sólo un ejemplo de las fisuras y las ansiedades que genera el sistema biomédico en los sujetos. En este sentido, los espacios colaborativos deberían de suponer menos una disputa de poder/saber como una oportunidad para proporcionar miradas y propuestas hacia aquellos que sufren.

Eng/

Reviewing the hot and current speeches of the reggaeton legend Daddy Yankie, I found Yo contra ti  (me against you) (2017) a song loaded with information resistant (and resistance) against cancer. The singer all the time enunciates a discourse of suffering, with a tacit subject and an entity that is everywhere. Destination? Decisions of nature? Karma? Or the way in which biomedicine presents its way of understanding the body and disease?

With the visual impact that the Latin rhythm industry knows how to build around musical references of these characteristics, the immaculate white image of contemporary biomedical aesthetics leads us, once again, to the shocking horror that people diagnosed with cancer go through and that they are also treated with biomedicine.

The patient, terrified, not only for receiving the diagnosis but for the whole set of meanings that biomedicine produces in western societies around cancer together with its healing spaces. Depersonalized spaces and discourses and quasi-incestuous relationships with the highest-level technology. Producing individuals mixing human machine Donna Haraway (1985) would say in A Cybor Manifesto. The arrival of the diagnosis also comes to dislocate the representations built around the individual social and political body (Scheper-Hughes and Lock, 1987) that the subject has been re-signifying in his life story.

The next step is to introduce the prodigal and not controversial daughter of biomedicine: the pharmaceutical industry with all its arsenal of radioactive medication, doses that burn. I have cancer, I remain in limbo, in a trance, the diagnosis is never negotiated, and biomedicine exercises control over the times, states, and modes of production of the new medicalized bodies.

Discomforts that are not only physical, and even if they were, it still remains to be resolved with what scientific evidence we can affirm that the experiences around the body are the same for the same diagnoses (?), Perhaps we could even continue talking about the same diagnoses (?).

The diagnosis and the way in which biomedicine approaches its cure comes to verify the separation between body and mind. An exercise of difficult separation for the identity of the subject. The radicalism from which the notion of the body is approached can generate even more pain than the disease itself.

Reconfiguring the life-worlds, because for biomedicine the patient is either a warrior or a victim, issues related to liminality are something that the patient must resolve and as soon as possible. Is important to remember that the way of conceiving the body separated from the mind is only one epistemology among the existing ones.

Precisely dichotomous thinking is not the most successful in the task of mapping identities in which liminality, dislocation or hybridization are precisely constitutive aspects of the process of identity construction itself. Something that never ends up being built, because the nature of identity is dynamic.


In western societies there is hegemony in the conception of a body understood in dichotomous terms, body / mind, matter / spirit, etc. However, this does not mean that there are no other ways of interpreting experiences and bodies, even in western societies. The discomfort that the song describes can be thought of as a struggle between the subject’s own feeling about his body and a feeling that is alien, an identity assigned by others. Biomedicalized identities.

 An ethnography that was able to reflect very well the way in which different cultures approach the disease has been Stranger of the Village in the Sick: A memoir of cancer, Sorcery and Healing by Paul Stoller (2004). Its author, diagnosed with non-Hodgkin lymphoma cancer, describes the health and disease processes in the biomedical system and in the traditional healing system of African witchcraft. In the transition to healing, the author shows both worlds, allowing him to build a negotiated identity between the different epistemologies. The liminality between worlds was the way to his liberation.

 The resistance discourses that express the feelings of anxiety, despair and depression against cancer are just one example of the fissures and anxieties that the biomedical system generates in subjects. In this sense, collaborative spaces should represent less a power / knowledge dispute as an opportunity to give views and proposals to those who suffer.

Imagen: https://themighty.com/2018/02/daddy-yankee-yo-contra-ti-i-against-you-cancer/

Publicado por Florencia Alvarado Torres - Social, Culture and Medical & Global Health anthropologist. CEO-Founder Ethos research consultancy

Social, Cultural, and Medical/Health Anthropologist

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