A lo largo del siglo XX son constantes las relaciones establecidas entre la disciplina médica y la Antropología en general, en el caso del presento libro ¿Has visto cómo llora un cerezo? Pasos hacia una antropología de la esquizofrenia, tiene por objeto abordar desde una mirada antropológica la esquizofrenia entendida como un fenómeno biopsicosociocultural, una apuesta entre la etnografía y la epistemología (o teoría) que recorre las tres dimensiones de la enfermedad: i) dimensión biológica y psicobiológicas (disease); ii) cultural (illness); y iii) social (sickness). El autor lleva a cabo un abordaje sistémico de los factores que es preciso tener en cuenta para comprender la esquizofrenia desde un punto de vista teórico y a su vez siempre con un pie en el campo llevando a cabo un análisis de la estructura de los discursos de sus informantes.

Reseña
Reseña

Así como en la década de los sesenta aparecieron diferentes trabajos sobre la psiquiatría como el célebre Historie de la folie à l´âge classique (Michael Foucault) o Asylums de Gossman en el marco teórico de la crítica posmoderna, éste texto quizás un tanto más moderado en cuanto a la crítica que lleva a cabo sobre la construcción sociocultural de la enfermedad y los fines para los que fue creada, propone una mirada sistémica de la cuestión dejando al lector incursionar en el juego pendular que se produce entre las categorías de naturaleza y cultura y su hilo conductor: el habla. Fruto del trabajo de camponen la red asistencial de Barcelona y de su larga trayectoria como investigador en el campo de los estudios sobre etnopsiquiatría y antropología, el autor propone un viaje de ida en el esmero por develar una definición de la esquizofrenia que incorpore las sapiencias de los individuos que la padecen. El texto se compone de cuatro breves ensayos que a modo de crítica reflexiva abordan: La enfermedad; la ciudad; el confinamiento; y el lenguaje. En primer lugar, en la enfermedad, identifica la problemática que emerge de la falta de consenso en la definición de la esquizofrenia y por lo tanto de su relativa indefinición. Desde las diversas teorías de sesgo biologicista (teoría dopaminérgica, estructural-lesional, vítica y génetica) hasta las dificultades por diferenciar método-epistemológicamente los estudios culturales de los sociales, pasando por el determinismo cultural que concibe que toda enfermedad es una construcción cultural y temporal. Por otra parte permite repensar la posición que ocupan determinadas ciencias en la jerarquía de la producción de conocimiento. A continuación, la ciudad, como espacio material en el cual tiene lugar la enfermedad y en el intento de encontrar un modelo explicativo capaz de representar la multiplicidad de realidades a partir de probar los límites del método de análisis (cuantitativo y/o cualitativo). La ciudad representa para el estudio de la esquizofrenia un paradigma de organización territorial en el que confluyen diferentes zonas yuxtapuestas siendo el caso de la ciudad de Barcelona un ejemplo que permite visibilizar y contrastar las diferentes explicaciones que se han venido ofreciendo en torno a la relación de indicadores demográficos y la emergencia de individuos diagnosticados con esquizofrenia. Seguidamente, las técnicas de investigación cualitativa como pueden ser las historias de vida, la observación participante o las entrevistas en profundidad constituyen un complemento necesario para la comprensión de las dinámicas que convergen en las grandes urbes. En el tercer capítulo titulado El Confinamiento explora las raíces histórico-sociales del manicomio y a su vez rastrea las experiencias vitales de uno de sus informantes, sus vínculos, encuentros y desencuentros con la comunidad. El confinamiento, o encierro, entendido como estrategia de control social antaño recluidos mayoritariamente en manicomios hoy los individuos pareciera ser que permanecen dentro de los muros imaginarios que proporcionan los psicofármacos, los mismos desempeñan una labor similar y, aunque si bien durante las últimas décadas han proliferado diferentes tratamientos de carácter ambulatorio, la autoridad del terapeuta en el proceso asistencial sigue siendo privilegiada dejando entrever los niveles de coerción ejercidos sobre los individuos. En este sentido y fiel a los discursos subalternos que proclama una antropología crítica el autor nos acerca el relato de su informante, Babu, sus experiencias y un modo particular de estructurar los enunciados desplazándose hacia una especie de zona gris (Moreno Feliú, 2010) que en el marco de las convenciones sociales constituyen una isla con sus propias reglas, un subterfugio del lenguaje. Por último, el ensayo titulado lenguaje, analiza la estructuración y los diferentes modos de construcción social de realidades entre individuos con esquizofrenia. El delirio, estructuras, sentido y lenguaje, aspectos que en el análisis de las entrevistas de los informantes pueden trasladarnos al mundo de los otros, ya que al final de cuentas el uso del lenguaje es el aspecto que nos diferencia y que también de manera inalienable permite el encuentro. ¿Cúales podrían ser los aspectos más relevantes a tener en cuenta en el transcurso de la lectura?. En mi opinión observo dos aspectos que en el transcurso de la disciplina antropológica han tenido diferentes repercusiones y que en la actualidad siguen formando parte del trabajo de campo y también de la tarea de descripción narrativa y construcción literaria del género etnográfico. En el libro El antropólogo como autor de Clifford Geertz (1989), éste autor presenta las dificultades por las que transita el etnógrafo en la compleja labor de encontrar el equilibrio entre las experiencias subjetivas vividas en el campo y la necesaria objetividad para la producción de conocimiento. Un ejercicio de continua auto reflexión para todo antropólogo que se precie de tal y que no siempre es un objetivo alcanzado. Sin embargo, entiendo que después de una lectura profunda puedo decir que éste objetivo fue satisfecho en la medida que constituye un trabajo exploratorio e incipiente en el campo de la Antropología. Un segundo aspecto a tener en cuenta, tiene que ver con el rol del antropólogo en el campo, su posicionamiento y relación con los informantes. Otra vez Clifford Geertz (Ibíd.) nos habla acerca del desempeño de la labor del etnógrafo y la capacidad de gestión de los vínculos interpersonales. También y posteriormente Georges Marcus (2001) reconoce la necesidad de desarrollar una especie de rol circunstancial como activista en el campo, en este sentido, puede quedar la reflexión sobre la finalidad social y el compromiso con los sujetos observados en un texto que desde el comienzo busca establecer puentes entre nuestro mundo y la locura haciendo que pueda interesar no sólo al sector psiquiátrico y/o antropológico sino al público en general.

REFERENCIAS

-Clifford G. (1989). El antropólogo como autor. Barcelona: Paidós.

-Marcus G. (2001). La etnografía en/del sistema mundo. El surgimiento de a etnografía

multilocal. Alteridades, vol. 11, núm. 22, julio-diciembre, pp. 111-127, México

-Moreno Feliú (2010). En el corazón de la zona gris. Una lectura etnográfica de los campos

de Auschwitz. Madrid: Trotta

Enlace a editorial texto reseñado: http://www.publicacions.ub.edu/ficha.aspx?cod=05552

Imagen: https://www.viajejet.com/paisajes-primaverales/flor-de-cerezo/

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