Medicalización. I parte

[Fragmento de artículo presentado en el Máster Interuniversitario Antropología Médica y Salud Global URV – UB – CSIC]

Los conceptos de medicalización y las herramientas método-epistemológicas utilizadas para su abordaje han sido diversas en el campo de la Antropología Médica, sin embargo considero importante destacar que “la medicalización” (Comelles, 2003) ha sido un proceso que surgió en la Baja Edad Media y que continúa hasta nuestros días con un papel preponderante del modelo médico como productor de signficados culturales (p. 113-114). Las progresivas y diversas transformaciones producidas durante los últimos siglos en las sociedades occidentales modernas se pueden identificar en las representaciones acerca del cuerpo, las nociones de salud y enfermedad, el conocimiento experto así como en las instituciones y las formas de organización económica y social. En este sentido, en lo sucesivo llevaré a cabo un análisis crítico acerca de la vigencia de los conceptos de medicalización de tres autores: Illich; Foucault; y Navarro.

La medicalización según Iván Illich (1975):

Para este autor de cierta influencia intelectual anarquista cuyos aportes representaron una especie de ruptura radical en la década de los setenta en el modo de concebir el modelo médico heredado del pensamiento hegemónico occidental, siendo la medicina institucionalizada (Illich, 1975: 4) una verdadera amenza para la salud individual y colectiva. Partiendo de una especie de diagnóstico de la sociedad moderna en el cual destaca la crisis de confianza (Ibid.) cuya solución considera es una cuestión política en un estadio poscapitalista: La sociedad industrial. Por otra parte, y de manera complementaria a la anterior cuestión destaca la importancia de la asistencia mutua como camino para la recuperación de la autonomía de los individuos que en este periodo histórico han perdido o han delegado la capacidad de decidir sobre sí mismos. En este contexto surge la denominada epidemia yatrogénica manifiesta en diferentes niveles (clínico, social y cultural) afectando todas las relaciones sociales en el marco de la sociedad industrial, es decir, constituye un fenómeno estructural. Esta especie de incursión evolucionista en la explicación de fenómenos complejos como es el caso del análisis de las consecuencias del proceso de medicalización en las sociedades modernas tiene a mi entender múltiples aristas que considero necesario explicar ya que, en primer lugar, los diferentes grupos humanos históricamente han establecido sus propias convenciones culturales para hacer frente a los momentos de crisis de lo contrario no existiría o no haría falta la labor antropológica para dar cuenta de la variabilidad cultural recogida en la evidencia empírica y etnográfica. En segundo lugar, da por sentado que la agencialidad (agency) es una cualidad subyacente a los individuos y no explica cuales son los factores que es preciso tener en cuenta en la emergencia o reforzamiento de dicha cualidad. En tercer lugar, y relacionada con la anterior, tiene una visión sesgada de la importancia del capital y de las relaciones de poder vinculadas a la toma de decisiones políticas en los diferentes ámbitos de la esfera social.

pastillero2

Para ejemplificar estas cuestiones tomaré por caso la etnografía de Timothy Mitchell (2002) titulada ¿Can the Mosquito Speak?, en la misma el autor describe de manera lo suficientemente detallada las relaciones que se establecen entre la guerra, la enfermedad y la agricultura. En julio de 1942 el mosquito Anopheles gambiae, explica, que albergaba en su interior una variedad maligna del parásito de la malaria llega a la presa de Asuán (Egipto) una de las obras de ingeniería más importantes del siglo XX y que puede ser considerada un hito en el intento del hombre en la domesticación de la naturaleza. A su vez era el comienzo de la epidemia de malaria. Continúa comentando que la economía política egipcia en materia de salud pública antes, durante y despúes de la Segunda Guerra mundial estuvo al servicio de los intereses del capital, identifica con nombres y apellidos cada uno de los actores y/o familias que se han beneficiado con determindas decisiones, fue concretamente la producción de algodón y caña de azúcar. Suspendida la producción de alimentos, el hambre y la malnutrición, aumentaban. Por aquellos años la producción de fertilizantes químicos tuvo un aumento exponencial, al igual que la alteración de todas las formas de vida que entraban en contacto con el DDT (dicloro-difenil-tricloroetano) debido a su estructura estable, insolubilidad en agua, y resistencia a la degradación por la luz y suelos (p. 331) afectando de este modo a toda la cadena alimentaria.

Fuente: http://www.germmagazine.com/long-live-the-legacy-of-rachel-carson-but-not-ddt/
Fuente: http://www.germmagazine.com/long-live-the-legacy-of-rachel-carson-but-not-ddt/

El tecnopoder, los avances de la industria química, las corporaciones transnacionales como Monsanto o incluso la Organización Mundial de la Salud no responden, como Illich sentenció, a cuestiones exclusivamente políticas (!). En este orden de ideas sería interesante reflexionar en torno a la capacidad de agencia de todos los individuos descritos por Illich con el objeto de profundizar en la viabilidad de su propuesta en los tiempos que corren.

En este sentido sigo a Díaz de Rada (2010) que adapta la definición de agencia de Paul Kockelman (2007: 375):

“La agencia puede entenderse inicialmente como el control relativamente flexible de los medios en relación con la obtención de fines […]. Decir que una entidad tiene más agencia que otra entidad es decir que dispone de una mayor flebilidad […]. Cuanto mayor es la agencia de que uno dispone sobre un proceso, más suceptible de ser tenido como responsable de su resultado […] (p. 37).

Volviendo al ejemplo de la construcción del estado moderno egipcio, el saber experto y la heterogeneidad de factores que entran en juego en los asuntos de salud pública, quizás habría que recordar que el texto de Illich fue publicado en un contexto de emergencia de utopías acerca del futuro de las sociedades modernas y de sus formas de resistencia. Puedo percibir en este sentido el influjo de las teorías sobre el desarrollo y ese deseo por parte de algunos teóricos de reafirmar (aunque quizás sin quererlo) los pilares de ideas desarrollistas y la creencia en cierto modo en el evolucionismo multilineal de las sociedades. Los sucesos posteriores a un lado y otro del Río Grande situarían su obra en una especie de declaración de intenciones muy loable pero que quizás habría que resituarla en contextos concretos complejizando más en profundidad en la capacidad de agencia entendida como cualidad de la acción humana que se construye socialmente en cada tiempo y lugar de manera específica.

Referencias

Comelles J.M. (2003). Cultura y salud. De la negación al regreso de la cultura en medicina.

Quaderns de l´Institut Català d´Antropologia. Num. 19 (pp. 111-131).

Díaz de Rada A. (2010). Cultura, antropología y otras tonterías. Madrid. Trotta.

Illich I. (1975). Némesis Médica. La expropiación de la salud. Barcelona. Barral Editores

Mitchell T. (2013). ¿Puede hablar el mosquito?. En Cañedo Rodríguez M. (Ed.). Cosmopolíticas. Perspectivas antropológicas (pp. 299-340). Madrid: España. Editorial Trotta.

Un comentario en “Medicalización. I parte”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s